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Las Misas Gregorianas son una serie de 30 Misas celebradas en días consecutivos, sin interrupción, por el eterno descanso del alma de un difunto. Esta devoción proviene de una revelación de San Gregorio Magno en el siglo VI. Según la tradición de la Iglesia Católica, el poder intercesor de estas misas celebradas ininterrumpidamente tiene una gracia especial ante Dios para librar al alma del purgatorio y conducirla a la vida eterna. Esta práctica ha sido reconocida y alentada por la Iglesia Católica a lo largo de los siglos, y hoy continúa siendo una de las expresiones más profundas de caridad cristiana por nuestros difuntos.
Un origen que se remonta al siglo VI
Esta tradición hunde sus raíces en el pontificado de San Gregorio Magno (590–604), Papa y Doctor de la Iglesia. En el libro IV de sus Diálogos, San Gregorio relata cómo, siendo aún abad del monasterio de San Andrés en Roma, ordenó que se celebrasen treinta Misas consecutivas por el alma del monje Justo, quien había faltado gravemente al voto de pobreza. Al concluirse la trigésima Misa, el monje Copioso recibió la aparición de Justo, quien le comunicó que había sido liberado del purgatorio. San Gregorio incluyó este testimonio en sus escritos, y desde entonces estas Misas llevan su nombre.
En el siglo XI, un monje cluniacense documentó la práctica de estas treinta Misas ininterrumpidas como costumbre habitual en los monasterios benedictinos. En el siglo XIII, el dominico Guillermo de Laodicea redactó un tratado específico sobre las Misas Gregorianas que popularizó la devoción más allá de los claustros. Los benedictinos y los cistercienses la incorporaron a su espiritualidad, extendiéndola por toda Europa: desde Cîteaux hasta Inglaterra.
Respaldo doctrinal e institucional de la Iglesia
El Concilio de Trento (1545–1563), en su sesión XXV, afirmó formalmente la existencia del purgatorio y que las almas que allí se encuentran son ayudadas principalmente por el Sacrificio del altar. La Sagrada Congregación de Indulgencias declaró solemnemente que «la oferta de las Misas Gregorianas posee una eficacia especial para obtener de Dios la pronta liberación de un alma que sufre, y que esta es una creencia pía y razonable de los fieles.»La regulación actual de esta práctica se encuentra en el decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias del 24 de agosto de 1888. En 1967, la Sagrada Congregación para el Culto Divino precisó además que no es necesario que sea el mismo sacerdote quien celebre las treinta Misas ni que se celebren en el mismo altar.
Una práctica viva en los cinco continentes
Esta costumbre de las treinta Misas Gregorianas se extendió por todo el mundo católico y continúa vigente hasta hoy. Las Misas Gregorianas se celebran habitualmente en monasterios, seminarios y casas de formación sacerdotal, donde los sacerdotes residentes pueden asumir el compromiso de las treinta intenciones consecutivas sin verse impedidos por los múltiples encargos pastorales propios de una parroquia.
Cómo funciona la solicitud
Un sacerdote de la Orden Benedictina celebrará diariamente la Santa Misa por la intención encomendada. Al completar la solicitud, haremos llegar a usted —o a la persona que usted indique— un certificado oficial que anuncia las Misas a celebrarse.
Al realizar una donación (estipendio), el fiel se une más íntimamente a Cristo, quien se entregó a sí mismo en la Sagrada Hostia. Así lo señaló el Papa Pablo VI en su carta Firma in Traditione, del 13 de junio de 1974. El estipendio contribuye también al sostenimiento del sacerdote y a las obras misioneras de la comunidad religiosa.
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Gregorian Masses: A Sacred Tradition of Fifteen Centuries
Gregorian Masses are one of the oldest and most venerable devotions of the Catholic Church: a series of thirty Holy Masses celebrated on thirty consecutive days, without interruption, for the soul of a departed loved one. Their purpose is to intercede before God on behalf of the deceased, preparing the soul to enter fully into the Kingdom of Heaven.
A Tradition Rooted in the Sixth Century
This practice dates back to the 6th century and the testimony of St. Gregory the Great. St. Gregory recounts in his Dialogues that, after ordering the celebration of 30 Masses in succession for the soul of the monk Justus, through a revelation he was certain that the monk’s soul had been released from Purgatory.
By the 13th century, the devotion gained further prominence through a treatise written by the Dominican William of Laodicea around 1254, which helped spread it beyond monastic settings. The practice expanded rapidly through the Benedictines and Cistercians, who incorporated it into their daily spiritual life across Europe, from Cîteaux to England.
Institutional Recognition by the Church
The Sacred Congregation on Indulgences declared that «the offering of Gregorian Masses has a special efficacy for obtaining from God the speedy deliverance of a suffering soul, and that this is a pious and reasonable belief of the faithful.»The Catholic Church has declared that this confidence of the faithful in the special efficacy of Gregorian Masses is pious and reasonable, with specific regulations found in the Sacred Congregation for Indulgences of August 24, 1888.
A Living Practice Across Five Continents
This tradition has spread throughout the entire Catholic world and continues to this day. Gregorian Masses are usually celebrated in monasteries, seminaries, and priestly houses of studies — settings where resident priests can dedicate thirty consecutive Mass intentions without being impeded by the many pastoral commitments of a parish.
How to Request
A priest of the Benedictine Order will celebrate Holy Mass daily for the intention you entrust to us. Upon your request, we will send you — or the person you designate — an official certificate confirming the Masses to be celebrated on behalf of your loved one.
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